Siempre he querido estar a la altura de mis padres.
Mi padre dejó una huella enorme en su trabajo. Mi madre la dejó en las personas que la rodeaban.
Durante años pensé que para honrar su legado tenía que parecerme a ellos. Ser tan profesional como mi padre y tan entregada a los demás como mi madre.
Con el tiempo he descubierto una paradoja curiosa.
La mejor forma de parecerme a ellos ha sido dejar de intentar parecerme a ellos.
Cuando copiar deja de funcionar
Como muchas personas, crecí intentando reproducir aquello que admiraba.
Trabajar más.
Llegar a todo.
Hacerme cargo.
Responder siempre.
Ser responsable.
Ser útil.
Estar disponible.
Durante mucho tiempo pensé que eso era exactamente lo que significaba ser una buena profesional y una buena persona.
Hoy no estoy tan segura.
La diferencia entre los valores y la forma de vivirlos
Sigo creyendo en el esfuerzo.
Sigo creyendo en el compromiso.
Sigo creyendo en la excelencia.
Sigo creyendo en cuidar de las personas.
Lo que ha cambiado es mi forma de entender esas palabras.
Antes pensaba que esforzarse era aguantar.
Ahora creo que también significa saber parar.
Antes pensaba que cuidar era resolver los problemas de los demás.
Ahora creo que muchas veces consiste en ayudarles a resolverlos sin ti.
Antes pensaba que comprometerse era decir sí a todo.
Ahora sé que también implica elegir a qué decir que no.
Las pequeñas rebeldías que me acercan a ellos
Hay cosas que hoy valoro muchísimo y que hace años habría considerado casi una irresponsabilidad.
- Dejar que mis hijos elijan caminos que yo no habría elegido.
- Empezar proyectos sin tener ni idea de cómo van a terminar.
- Decir que no cuando primero había dicho que sí.
- Irme a nadar sabiendo que todo seguirá ahí cuando vuelva.
- Celebrar más el aprendizaje que el resultado.
- Dejar de intentar ser la mejor en todo.
- Pedir ayuda cuando la necesito.
Y, por supuesto, ir en zapatillas deportivas incluso cuando voy arreglada.
Mi madre habría considerado esto una derrota personal.
Quizá hacerse mayor consiste en esto
Mi hermana y yo tenemos una expresión cuando alguna de las dos hace algo muy propio de nuestros padres.
Decimos:
"Te has tragado a la mamá."
O al papá.
Y cada vez me doy más cuenta de que sí, que me los he tragado un poco bastante.
Aunque no de la forma que esperaba.
Porque cuanto más hago estas cosas, más me parezco a ellos.
No porque copie exactamente lo que hicieron.
Sino porque intento conservar lo mejor que me enseñaron y adaptar el resto a la vida que quiero construir.
Quizá hacerse mayor consista precisamente en eso.
Quedarte con lo mejor de lo que viviste y atreverte a cuestionar el resto.
